Incomunidade




Nueva reseña en la red: "incomunidade.blogspot.com"

Muchas gracias...

De Rosalía a Oroza



Aunque se que a Carlos no le gusta nada este tipo de comparaciones y menos con Rosalía, aqui os doy la referencia de lo publicado por Raquel López en "Vigoblog", que realmente no tiene desperdicio. Muchas gracias Raquel...




...Me pregunto si es que es la misma Rosalía de Castro quien nos anuncia al poeta Carlos Oroza en el último parágrafo de su Prólogo a "Cantares Gallegos"; dice ahí la poeta:"Foi éste o móvil principal que me impeléu a pubricar este libro que, máis que nadie, conoso que necesita a indulxencia de todos. Sin gramática nin regras de ningunha clas, o lector topará moitas veces faltas de ortografía, xiros que disoarán ós oídos dun purista, pro ó menos, e pra disculpar en algo estes defectos, puxen o maior coidado en reprodusir o verdadeiro esprito do noso pobo, e penso que o conseguín en algo... si ben dunha maneira débil e froxa. ¡Queira o ceo que outro máis afertunado que eu poida describir cos seus cores verdadeiros os cadros encantadores que por aquí se atopan, inda no rincón máis escondido e olvidado, pra que así, ó menos en fama xa que non en proveito, gane e vexa co respeto e admiración merecidas esta infortunada Galicia!"...

MALÚ

Parece entonces como si yo y yo fuésemos dos personas que se persiguen mutuamente.
Es en la evasión donde está el sentido de mi propia seguridad.
Oh eva
évame malú
évame malú

Hoy en ferragosto o julio triste prohibido e inasequible. Solo
Oh eva.
Évame eva.
Évame si me transito.

Era de noche por tus ojos de fiebre - ómnima por tus manos que me acarician.
Era extraño cómo subsistía por la noche cada noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Mi cuerpo contra mí - Tu boca caliente y sofocada -
conflúyete
abrázate
no rompas el silencio no toques la pared
me conforto en tu aliento
miro por tus ojos empujo por tus ojos
y me encuentro con las últimas cenizas.

Me dejo en libertad - ómnima mis pasos
y corro - corro por la playa hacia la casa abandonada.

No sé que hacer si estoy detrás de mí
tengo miedo tropezar tu cara
mirar tus ojos y verme divisado
aspirar tu aliento y verme subsistido
tropezar tus manos y verme aderezado
cariño eva évame.

Ómnima si mi pálpito se pierde por los trenes y pulula por los gemidos
mi pálpito pegado al viet dolorosamente ernesto a tu cintura nati
mismo
cuando me dejo en libertad
y corro corro - corro por la playa hacia la casa abandonada
ómnima
ómnima
ómnima
mientras subsisto extraño por la noche deviniendo por mis pasos
para encontrar dormido el cuerpo enfermo en la otra casa.

Oh eva
évame eva
évame si me transito

Intento translucirme malú para llevar contigo
Y no hay apoyo vital para afirmarme
Y es como llegar a mí malú contigo
Madre por una sola vez si me transcurres
Mientras subo o me adelantas la luz para llegar arriba
Por una sola vez una vez dos veces tres veces golpeándome en las sienes
Tus brazos retenidos en las sombras
Tu mano y tu latido
Tu voz poderosa desde abajo – contigua hacia el balcón
Para decir que ha muerto alguno en esta casa
Pudo haber muerto alguno en esta casa
Y es como llegar a mí malú contigo
Inmersa
Golpeando fuertemente desde abajo
Golpeando en la escalera
Metiendo tus manos tus codos tus brazos por los huecos
Golpeando la pared
Tremándome en la vértebra
Demorando mis pasos por las sombras.

Una vez me escupiste cenizas en los ojos
Y yo te dije
Sigue sigue sigue
Te me adelantas. Tengo miedo. Estás golpeando al mundo.
Pero tu me das malú – malú – malú
Malú para llegar arriba.

Oh eva - Evame - Eva - Évame si me transito.

Elencar

Elencar es un poema de Carlos Oroza, autor gallego que hasta ahora no había dado a la imprenta una obra completa.


La editorial ha considerado la obra gráfica de Morilla la más idónea para con ambos artistas realizar un libro en el que la calidad plástica no desmereciese la literaria de esta obra de Carlos Oroza. Asimismo se ha contado con la aportación de un poema visivo de Ignacio Gómez de Liaño, inspirado en la expansión de la cúpula de Comares de la Alhambra granadina, que ofrece una particular interpretación del mundo de Carlos Oroza.


El sentimiento se mueve allí con soltura

Tembloroso y triste el vegetal
En el ambiente parpadean las sombras
El oro empeño el otro
El deseo paulatinos los turnos
Interminable la cuestión la causa el cerco
El ojo que nos confina




Todo elemento disperso se reúne en una estancia
Donde se configura la dimensión en recíprocos e íntimos acentos.

Nada por tanto ha de ser como ahora
Porque si ahora se considera el momento preciso
Se hace después urgente en las conclusiones concertadas.

Pero es hoy cuando tiembla
Porque sabe que sólo de su acervo permanecen los fragmentos y peligra su memoria
Se intensifica en su hacer
Y hay una apreciación de gusto y de forma.

Estar en el lado oculto dice y sentir el placer por lo abismado
Ser un añadido más o una vuelta por el entramado de las sombras
Si aún es posible en el espacio el sombrero
La mesa
Los velos
El cero confirmado por unanimidad.

Ascender
Ser a lo lejos sin fin el silencio que toma la forma en el cero
Su estímulo por la circunvalación
Su cerebro
El cero





El punto de partida
El regreso
El eterno retorno de aquellos que van a donde nosotros ya estuvimos
Situarse
Ser simplemente en la pura conciencia del ser que me apresa al regreso
Un suspense
Una nota olvidada
U otra vuelta por el entramado de las sombras.

Abolir todo lo que esté puesto sin previo aviso
Comprobar en la longitud de las aceras la incursión de las aves
De sus sombras que oscilan.

Todo está puesto con la misma intención de parecidos propósitos
Aquí ahora no hay nadie
Nadie ahora niega a alguno que se sitúe en un punto
Y compruebe que todo está como si nada hubiera sucedido.

Pido que se cambie el acto
Que se dé el desenlace
Hágase lo posible y que suceda el cambio por si mañana nace una canción
Comparezco por si ahora o después
Pasa un tren que precise en el instante el deseo de ser
El fulgor que ilumine en el rostro del otro la ansiedad.






La energía que me desplace en la gravedad de los otros sentidos.

Siento un temblor Titubeo
Veo el semblante de un país borroso tratado en las lluvias
No abandero la senda ni me opongo a la causa
Pero no dejaré nunca de asistir
No cesaré en el empeño hasta convertir el territorio en mi estatura.

No hay razón para más.

Es el efecto mismo sin duda de una causa anterior
De un deseo
Solo en la luz capaz de crearse.

El instinto en el vuelo no es entonces a dónde
Ni tampoco es el orden
Ni se ordena el principio en la fiebre
Ni en la esfera
Ni en la superficie.

No es la norma
Es el riesgo es el juego tal vez
En tal caso es el verbo la energía que provoca en el otro el mayor
de los peligros







El impulso en un acto que nos da placer
Su pureza
La blancura o el negro que proyecta en el mar las vocales
sin contenido lírico.

Un valor sin destino de infinitos pies de universos que convergen
en una vuelta fluvial.

La parodia es la nube.

Porque abajo señala
Bajo el cielo hay una turba precoz de iluminados
Una multitud de engendros de parecidos de pequeños hombres
Las visiones de un cuadro dantesco de un instante fugaz.

Un elemento extraño que se asoma como un ser que se mueve en la duda
Que se niega
Que se mueve sin ver en el valor de los significados
Su presencia en el sentimiento activo de su yo expresado en la fiebre
El instinto que separa en el vuelo el disfraz de la lluvia
Del amor lluvioso en el cristal como un sueño que suplica el poema.

Que se aleje le digo.







No me inquiete
No me perturbe pues
No me halague con suaves complacencias
No me mienta
No me cuente la historia que profesa
Le sugiero que me deje en paz Que se aleje le digo
Que penetre con fuerza la música en su vientre y lo ilumine.

En la víspera sucede lo inesperado
Si piensas mientes mientras imagino
Una hora después el universo se pone en crisis
Las monstruosidades humanas se levantan
Cuando se levantan acarician con sus pies
Y se convierten en un animal extraño.

Es cuando piensa que se encuentra turbado
Cuando siente el deleite El dolor los deleites de la imperfección
Sus alas atrofiadas
Las monstruosidades humanas
Los dolores
Los contornos de las orillas.

Pero hoy no se puede andar
Ser un lugar no se puede ir a donde Londres Nada
Se han tumbado los espejos en el suelo
Para ver si había más ojos en el techo







En el mármol tiembla la sospecha
Sus concitadas lunas La sospecha.

Me despierto
Oro
Abro los ojos para evitar tanto imposible
Y compruebo que hay otro que piensa por mí
Me identifico con el parecido
Y rendido ante el hecho y aunque sin ser un síntoma
Me apresuro y pongo un telegrama urgente.

En el norte hay un mar que es más alto que el cielo.

Todo es vértigo y sombra
¿Quién es? ¿De dónde y hacia dónde? Me pregunto, ¿dónde?
De quien tanta locura. Tanto invierno abrazado
"¿Quién entonces dio fuerza a las fuentes y refrescó los manantiales enfrió la roca seca y afirmó la arena en su azul de espuela de caballero azul de color de María?".

El fue quien creó en el sistema la asociación de ideas
En la rectitud de las estatuas el sentido común
La asociación de ideas que provocó en el sistema el desconcierto.







La introducción de un principio en la fiebre o la materia que formó
la causa.
Del fulgor de su azul más profundo Suave De longitud aproximada
Se estilizó en la forma
Y estableció la diferencia entre los otros sueños
Y los sueños amarillos anteriores.

Su cabeza es un templo de color de extrañas magnitudes
La reacción activa en los medios su clamor
Las palabras son pues los objetos de humedades concéntricas La sensación de estar conformando en el otro el modelo
Su palidez transitoria de apreciación sensible en el rescate.

Nada es blanco
Ni es incierto en lo oscuro
Tan sólo en la proximidad el azul es intenso
Todo ha quedado en blanco dice
Todo es blanco después si es copioso al sentir
Cuando la proporción es blanca

El sentimiento se mueve allí con soltura
Dilucida
Se manifiesta en solitarios y extraños argumentos
Menudea







Da una vuelta
Se multiplica en vano
Divaga
Paraliza por un instante los miembros del conjunto
Y declara por tiempo indefinido en la ley de gravedad la llanura.

Una porción de tierra gris del norte

... Blanquísima su presencia.


Sus temblorosos dedos
Buscaban en las hojas de un libro el femenino del ojo.


Más allá de lo escrito o lo nombrado
No hay más bondad que la que emana de la inteligencia
Lo que tomó fuerza en nosotros cuando la incertidumbre.
Cuando en la incertidumbre
En la enumeración caótica
Reunidas las palabras que componen el discurso
Los caracteres se van formando.


Del universo es el mar una sombra
Una luz temblorosa en la piel
Una línea que sueña
La unidad febril premonitoria
En el espacio creado para la música

En el cambio de súbito el lugar se convierte
De su materia indemne la luz
Un territorio transgredido por la poesía
Un poema abierto in situ en la memoria
Como la voz que disfruta en el proceso elaborada En el calor humano
En el ánima
En todo lo habitable
Como el amor embriagado de proximidad.


El valor de su acción transmitida
Que aflora en lo que está oculto.


Del placer concertado
Nosotros
Los que somos cómplices
"No amamos porque tengamos el hábito de vivir
Sino porque estamos habituados a amar".


Anda Ven Bendice Canta Cuéntame.
Haz tú de mí
Si celebrado el concierto me identifico
Aprenderé a saber



Seré suave y sensible
Traslúcido en el color
En el placer acaso
Tembloroso y lírico en la visión.


Cuando se habla de ti
Un sentimiento ingrávido recorre el ambiente.
Escrupulosamente delicada
La belleza crece por intuición.
Liberado de sí De su yo impreciso
El sujeto extrañado de su territorio canta y deduce
Que de un conjunto de sonidos se forma el arpegio
La memoria ante el blanco acude con presteza y corrige el compás En la orilla la línea divisoria.



Del azul febril que proyecta
Del ojo que me persigue imagino la flauta
La llama prestada
Los reflejos
La cadencia en la acción El ritmo.


En la visión creciente la belleza actuando silábica
Haciendo lo que hice yo tantas veces en tanto papel concluso


¿Es el verbo tal vez la tristeza?
En la luz la materia también se envilece.


El misterio es el número.


Del proceso advertido su presencia en su actitud sin tregua
Sucinto en el periplo de lucidez
En el ambiente unánime de sentir
Las palabras que cantan como el número exacto que nos habla.


Las palabras que cantan
Cuando a la vez en el espacio ausente sonámbulo
Que al despertar el fenómeno de un deseo expresado
En el inicio como en el desarrollo
Restaurando el alma en su estado original.


Sólo somos nosotros entonces
Presuntos en la hora
En el inicio de un ciclo liberal
De un pensamiento que mora en la tristeza
Que se ensancha en la fuga
Convicto en el placer
En su ansiedad el otro.

En el número diez de la calle en que vive se aventaron las aves
Y se declaró innúmero en el evento el edificio


Sólo el rumor del fenómeno que nos acontece se hace culpable
Y edifica en el aire la sospecha.


Fugitivo de los que aún perdura
Permaneció inmóvil como la estatua ante el milagro
El amor trémulo en su venturosa anchura.


El sentimiento prolongado en vano en el eco
Ora en esa hora
En el instante mismo en que se sucede
Simulando en su expresión el deseo
En esa hora íntima de estar
De ser el índice de nuestros sueños
Sin saberse allí contemplado.


Persuadido de su fuerza en el espacio augural de un tiempo
Detenido en su estancia
Su energía
La lucidez que se pierde en la consideración de un valor sin destino Cuando de mí se trata.
¿A dónde puedo ir?



Si despierto en la duda me pregunto
¿Hacia donde?
¿Dónde puedo encontrar al hombre que hoy ha olvidado mis palabras?


Coronado en la cumbre en su función capaz
El sentimiento se trasluce originario
De una infinita sed de ser en sí mismo
De su hallazgo el temblor
Su vaporoso aliento
La humedad transitada.

Alicia

He venido a verme. Quiero salir y no puedo entrar.
Paso de lado simplememe y no me llaman.
Y veo a Cátin. La ciudad en sus números y la luz. La calma.


Era en un sexto de un seis de una calle que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
Y vino un desconcierto. La calma. Vino la calma.


La calma y mirarás. La mirarás decía
Y sus ojos tenían la precisión táctil de su boca
La calma. Vino la calma.


Y Alicia había declarado al mar calamidad sentimental
Y en el interior había vibraciones incrustadas
Manchas que se reproducían en latidos
Y se esparcían manifestantes y mu1titudinarios por los escaparates
Donde permanecían horas y días
Con la cabeza apoyada en los cristales.


Alicia tenía la sonrisa. La alegría del que pierde la respiración
Alicia era una mujer que se confundía en principio
Desde la primera escalera de un sexto izquierda
Un séptimo izquierda que arrancaba del centro
Una distancia que sólo se conocía por teléfono
O a través de sus gemidos en el estado íntimo de su soledad.







Y en la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Alicia buscaba alivio
Alicia había quedado sola
Porque las lunas de los escaparates estaban todas ocupadas
Y no había ni un milímetro para apoyar su frente.


En los grandes edificios habían puesto andamios
Y en la parte de la ciudad alta
Todas las ventanas estaban ocupadas
Por los delirantes que tenían las frentes agujereadas.


Los hombres estaban suspendidos en el aire
Sobre los andamios con las frentes inclinadas en las ventanas.


Alicia fue a apoyar su frente a los stops
A los coches que habían quedado aparcados
Y los coches estaban también ocupados
Y las ventanas de los coches Los cristales
Estaban pegados en los frentes que deliraban de dolor.


Alicia fue a refugiarse en la púrpura de los ángeles
Y la púrpura de los ángeles estaba pegada en la frente dolorida
de los místicos
Y fue a buscar la cera de los laboratorios eclesiásticos
Y no había solución














La ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Estaba totalmente ocupada.
Alicia anduvo recorriendo toda la ciudad
Y fue a los stops y a los anuncios publicitarios
Y todos los anuncios
Y los stops
Y la luz piloto de los coches
Estaban ocupados por las frentes que deliraban de dolor.


Alicia fue a ver los ojos abiertos de los animales muertos
Y los ojos abiertos de los animales muertos
Estaban ocupados por las golondrinas
Que se apoyaban contra el ojo derecho de los animales muertos
Del interior de la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.


Alicia fue a la estación
Donde estaban los coches de los ferrocarriles
A ver si había una posibilidad.


Mirar si había una rendija de luz
Que se introdujera por debajo de las puertas de los trenes
Para apoyar su frente
Pero no era posible
Porque aquella luz que bajaba por debajo de las puertas de los trenes Estaba ocupada por las frentes de los animales







Que antes se habían nutrido de los enfermos neurálgicos de los trenes.
Que viajaban a la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza.


Alicia andaba sola
Y se perdía buscando un espacio en las ventanas
En las lunas de los museos
En los escaparates
Y no había ni un minuto para apoyar sus latidos
No había llanto
Y no era posible inclinar la cabeza sobre la humedad de una lágrima.


No eran posibles los extraordinarios Las horas fuera
En los relojes no había siquiera una hora
Que penetrase contra el punto neurálgico de la cabeza
Habían desaparecido los pinchazos exteriores
Para luchar contra el dominio interno de la cabeza.


Pero ahora ya no hay nadie en los andamios
Nadie está con las frentes en las lunas de los escaparates
Ya no hay más frentes acariciando la púrpura de los ángeles
Ya no hay más gente rociándose la frente
Con la cera derretida de los laboratorios eclesiásticos


Ya no hay más
Nadie
Nadie está mirando a los altares













Aproximando la frente a los monumentos
Nadie está suspendido en esta ciudad.


Nadie está de pie buscando el frío de los escaparates
Buscando el frío el viento de las alturas por el cráneo
Nadie
Absolutamente nadie.


Porque todos los que estaban suspendidos
En la ciudad de cristal del arquitecto de Suiza
Habían descendido
Se habían desplomado contra el suelo boca abajo
Y habían desocupado todas las estancias
Y sucedía entonces que por el suelo no se podía andar Porque el suelo estaba repleto de bocas boca abajo
Y el espacio aéreo fue ocupado por otras formas de animales.